EL ARTE DE DECIDIR

La palabra Decisión, proviene del latín decisio. – decisionis, el cual significa una opción seleccionada entre otras.

Partiendo de esta definición, es seleccionar una opción de entre otras. Sin embargo saber decidir implica el poder conocer costos y riesgos de una decisión y que pasa si decido no hacer nada.

En esta parte de decidir me he encontrado a lo largo de mi vida profesional personas que deciden como decimos coloquialmente “sobre las rodillas”, y personas que no deciden o se tardan en decidir.

Las primeras son personas que se guían por emociones con poca información y el nivel de riesgo en esta forma de decidir es muy alto, ya que no se contempla o analiza que puede salir mal, y si sale mal cuál es el plan B, es decir rechazan o aceptan opciones con poca información.

En el segundo grupo están las personas que tienen miedo a decidir y prefieren no tomar una opción y dejan que la situación o el problema se extienda sin saber qué hace falta.

Por lo tanto en ambos casos es necesario definir un mapa o un rompecabezas y saber qué información es la que hace falta para poder optar por una solución.

Los problemas difícilmente se pueden resolver en la cabeza, hay que escribir, dibujar, diagramar para poder entender mejor una situación de ahí que las técnicas de árbol de decisiones o mapa mental son muy útiles para tomar estas decisiones.

En la universidad un profesor nos decía que para poder decidir, deberíamos tener por lo menos dos opciones o más con el mismo peso, ya que en el momento en que una de ellas tuviera más importancia o valor, no había nada que decidir o estudiar ya que la decisión estaba tomada.

En la gran mayoría de las decisiones hay incertidumbre ya que si estuviésemos ciertos de una decisión “no habría nada que decidir”. Por lo tanto vale la pena que el panorama quede claro y después de haber tomado alternativas ver cuál tiene mayor peso, y si aun así nos quedan dos alternativas con el mismo peso ahí viene el estilo de la persona de ir por la más segura o la más audaz, pero a este nivel ya se ha reducido mucho el margen de error.

En muchas decisiones está implícito el costo de hacer y el costo de no hacer. En un gasto de publicidad sabemos cuánto cuesta, pero pocas veces podemos cuantificar cuánto cuesta no invertir, o si hay otra inversión que no pueda proporcionar la rentabilidad deseada.

Mi sugerencia es si no estás seguro de una decisión pregúntate ¿Qué hace falta para poder decidir? ¿Qué pasa si las cosas no salen bien?,¿Qué pasa si no decido nada?

Gracias

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